<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6814387036249089336</id><updated>2012-02-16T17:06:18.947-08:00</updated><title type='text'>apuntes solipsistas</title><subtitle type='html'>En este lugar se intentará dar forma a una vivencias poderosas, sistemáticas y, en suma, originarias, es decir, que hacen al ser mismo, que conforman desde siempre el núcleo viviente de mí mismo como tal. Se oscilará entre escritura salvaje y, espero, textos más ordenados y tributarios de la fenomenología. De la que sin embargo se saldrá sin culpas ni mayores explicaciones.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://apuntesolipsistas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6814387036249089336/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://apuntesolipsistas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Pablo Díaz de Brito</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6814387036249089336.post-3166832635716021366</id><published>2009-11-04T05:36:00.000-08:00</published><updated>2011-12-24T15:13:40.274-08:00</updated><title type='text'>Solipsismo y Mismidad: un boceto</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;i&gt;He decidido ir agregando textos a esta suerte de boceto introductorio, que de esta forma quedará siempre adelante. Su lectura es necesaria para comprender el sentido del sitio. &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;En estos textos se intentará una aproximación a la experiencia más radical e irreductible, es decir, la de mi Mismidad como campo único y creador de todo el Ser. Esto es, y a modo de ejemplo: cuando camino por la calle mi percepción del mundo y de mí mismo se constituyen desde el núcleo no derivable, de experiencia originaria, que es mi Mismidad. Habito el mundo y a la vez lo constituyo: continuamente. Literalmente, sostengo su existencia. El solipsismo es un hallazgo con algo de juego de salón, de ejercicio teorético, pero acertado totalmente en su intuición central. Nunca logró plasmarse plenamente por los límites del empirisimo inglés y de la época. Reiteremos lo ya sabido, el sentido común berkleyano (acá no consideramos a los solipsistas literales, germanos, que no hemos leído): no hay mundo fuera del que constituyo, así como claramente no hay vida fuera del campo de la mía. Esas "ideas" las constituye Dios, dice el obispo Berkeley. Para un ateo, no hay tal mirada divina constituyente: sólo la mía, de ser finito y ocasional. A estas afirmaciones, tan conocidas, hay que darles una vuelta de tuerca. Porque estas afirmaciones fallan en dar el último salto, por más que sean esenciales para romper el techo de cristal de los prejuicios realistas e historicistas, omnisocializantes, de la doxa filosófica hoy de moda, predominante.&lt;div&gt;Para lograr esto, hay que seguir yendo y viniendo desde la escritura a la experiencia pura. Probemos: cuando camino por la calle es claro que constituyo el mundo, al tiempo que estoy en la Mismidad pura todo el tiempo, en esa inmanencia absoluta constituyente de toda trascendencia y de sí misma, autogeneradora &lt;i&gt;desde la nada, &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;por más que se pueda entrever confusamente un más allá o más abajo de la conciencia, su nacimiento todas las mañanas del entresueño&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;. Ahora, en estas mismas afirmaciones hay una traición a la vivencia originaria que se intenta poner en palabras. No solamente por el abismo imposible que separa la vivencia pura del orden del lenguaje, también porque en ese excedente que queda perdido se va algo de esencial que tal vez podría ser llevado al lenguaje, o puesto en un punto intermedio, en sus cercanías. Y que sería: mi originario constituir el mundo no sólo es el Unico, el que solo yo puedo conocer porque&lt;i&gt; soy ese constituir. Nunca habrá otro constituir, nunca lo hubo ni habrá, ni otro yo constituyente. &lt;/i&gt;Mi historia, mi accidente absoluto, mis primeras percepciones de infancia, etc, &lt;i&gt;son las únicas que habrá en toda la historia humana, en tanto son mías y porque lo son. &lt;/i&gt;&lt;i&gt;Nadie sabrá de ellas salvo yo,&lt;/i&gt; por más que las mencione y narre en detalle a los demás, y, s&lt;i&gt;imultáneamente, no habrá historia del mundo, mundo de todos, sociabilidad, etc, sin esa historia y mundo sólo míos.&lt;/i&gt; La sociabilidad tiene así siempre carácter de un ser vicario, porque está construida sobre esa mundanidad originaria solo mía, que nadie "conoce", que nadie salvo yo puede experimentar. Creo que en este punto está la gran "traición" de la fenomenología a sí misma, cuando se hace hermenéutica o da preeminencia a la intersubjetividad. De nuevo: &lt;i&gt;nadie vivencia, salvo yo en mi esfera solipsista de autoconstitución inmanente. &lt;/i&gt; Husserl llega a decir: "lo absoluto mismo es este presente primigenio universal, en el "yace" todo tiempo y mundo en todo sentido" (Hua XV, 668, citado por R. Walton en el artículo Modos del acontecimiento, contenido en el vol. Tiempo y acontecimiento) &lt;div&gt;Por esto, la sociabilidad, verdadero &lt;i&gt;Deus ex machina &lt;/i&gt;de la filosofía contemporánea,  es, poniendo las cosas en términos de panfleto radical solipsista, una fantasmagoría construida sobre esa mundanidad originaria y solo mía que no "conoce" nadie, que no comparto y sobre todo que desde su &lt;i&gt;solus ipse&lt;/i&gt; es fuente constituyente de la totalidad del Ser, su continuo sostén. Pese al esfuerzo hecho, noto al releer que me vuelvo a pasar de largo, como cuando uno busca un objeto perdido en el campo. La clave es, y esto habrá que repetirlo y profundizarlo cuanto sea necesario y a mí posible, que &lt;em&gt;nadie vivencia salvo yo&lt;/em&gt;. Ni Husserl, cuando disecciona la vivencia pura, vivencia. Asumo a Husserl como otro sujeto que construyó su mundo de vivencias. &lt;i&gt;Pero sólo yo vivencio&lt;/i&gt;. El es solamente un texto, un otro hablando de la vivencia. Mis vivencias son las únicas, mi historia es la única historia. Esta privacidad radical, absoluta, es el nudo o núcleo solipsista de todo este asunto. &lt;i&gt;Nadie puede sustituirme en ese lugar ni en la tarea de construir permanentemente el mundo,&lt;/i&gt; así que ese &lt;em&gt;constituir tendrá siempre un carácter a la vez absoluto y precario, en cuanto solo mío, privado en doble sentido, también en cuanto limitado. Me vivo como precariedad autoconstituida. Pero a la vez soy la instancia constitucional de la totalidad de la experiencia y del ser del mundo. Privado-de y universal, accidental y esencial&lt;/em&gt;. Todo se vuelve un accidente que cuelga, como un apéndice desmesurado, de mi vivencia originaria, constante y constituyente. Que es a la vez privada, pero en cuanto puramente mía, no "conocida" por nadie y, repito, &lt;i&gt;la única del mundo&lt;/i&gt;. Al no haber vida ni mundo por fuera de la vivencia, todo lo trascendente se vuelve ipso facto y desde el inicio una potencial nada, o, mejor, un ser a la vez enorme, que se presenta como siendo desde siempre en sí y fuera de mí, de donde provengo como precariedad, pero que a la vez jamás puede subsistir sin mí. No sé si esta asimetría originaria ha sido bien explorada y expuesta por los grandes filósofos. Si me desmayo por la calle no solamente desaparece el mundo al modo como desaparece cuando me duermo. Si  antes de desmayarme siento que me muero, sentiré que &lt;em&gt;morirá conmigo la totalidad del Ser&lt;/em&gt;, incluidas esas presunciones de la intersubjetividad, la vida social, etc, sobre las que había construido "mi vida". &lt;em&gt;Nada subsistirá. Este es el punto crucial: la totalidad del Ser tiene un carácter, no presuntivo (acá falla el solipsismo, y falla por completo), pero sí derivado,  vicario, ligado a la permanencia de mi Mismidad, aunque esta sea privada, precaria, finita. &lt;/em&gt;El carácter extremo y absoluto de estas afirmaciones es un palidísimo reflejo _palidez propia del lenguaje, de la vida intersubjetiva_ de la vivencia pura misma en su aparecer, en su permanente construir y constituirse a sí misma. Su carácter privado, (Merleau P. habla en Lo visible y lo invisible de un "mundo mudo") no conocido por los demás, sólo presente a mí mismo y su función universal, de constituir el mundo y todo ser trascendente y en sí, y a la vez su evidente accidentalidad y fatalidad, su finitud y la enormidad del Ser que constituye y sostiene con vida, aquí está el nudo de todo asunto propiamente filosófico.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;Un agregado sobre los adultos como donadores de solidez al mundo:&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Los otros como sostén del mundo cuando soy chico o joven. Me veo a mí mismo en la adolescencia. Las personas jóvenes pero adultas, de en torno a los 30 años, conformaban un subgrupo de los adultos que configuran el mundo para mí, que le dan sustento y espesor, carácter de mundo-desde-siempre. Muchos años después, noto que ese mismo lugar es ocupado por mí mismo y los que fueron adolescentes conmigo, pero adopta otro carácter, más débil. No puedo, no podemos, darle al mundo intersubjetivo esa misma solidez que le otorgaban los adultos de entonces. Siento que aquella conformación del mundo estaba dada por adultos "desde siempre", aunque naturalmente supiera que también ellos habían sido adolescentes, que habían nacido, etc. Hoy mis congéneres y aún personas más jovenes deben darle ese mismo carácter de ahí- está- solidamente- el -mundo. Pero entonces descubro la precariedad y carácter supuesto de esa construcción intersubjetiva. Porque atribuía a los entonces adultos un poder poner- el- mundo más firme que el que puedo tener yo como adulto para los otros. Y me doy cuenta que ellos estaban entonces en la misma debilidad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En otras palabras: descubro que los que sostienen el mundo son como yo, carecen del aura de los adultos de antaño, sencillamente porque en aquel descubrir el mundo conformado y sostenido por los mayores de entonces &lt;em&gt;yo estaba llegando por primera vez al mundo&lt;/em&gt;. El adolescente descubre el mundo todo el tiempo, tomando nota de características que no conocía, que jamás había vivido. Los adultos le dan al mundo que descubre un tono muy neto. Ej: los adultos jóvenes hablaban, entonces, de un cierto modo de la vida. Esto suponía un fuerte espesor del mundo en el que la vida tenía ese modo indicado por los adultos de entonces. Ahora descubro que yo no puedo asegurar, &lt;i&gt;garantizar&lt;/i&gt;, ese mismo espesor: el mundo de la vida y de los demás esta atravesado de suposiciones, de "se dice" y de sentido común de otros, que yo, simplemente, internalizo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Todo esto es un dar vueltas en torno al mismo punto sin llegar a dar en el blanco. Pero tal vez sirva a otros, aislados cada uno de ellos en su isla solipsista. El punto de fondo es, creo, este: el carácter dado del mundo como solidez sobreentendida, por ej. el mundo que los otros construyen para sí y para mí. Voy a cenar. Están los demás, el mozo, etc. Ese ser de todos los días del mundo, no podría ser mas social, &lt;em&gt;pero no tiene fondo, quiero decir: lo construyo yo sobre un fondo de nada, nadie está detrás de mí cuando afirmo su carácter general, compartido, social. Yo "vengo" de ese "mundo mudo" que menciona Merleau P. &lt;/em&gt;El "mundo de todos" es así doblemente excepcional: mío, porque nadie más que yo puede construirlo, y porque en tanto hecho &lt;em&gt;una sola vez por mí, es inevitablemente construido sobre la nada, hecho donde nada había antes&lt;/em&gt;. Lo social, lo compartido, lo común, lo cotidiano, el bar, los clientes y sus dichos, etc, es tan único, tan hecho sobre la nada como el más íntimo sentimiento o vivencia.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:large;"&gt;Pego esta anotación del otro blog, pero que aquí va mejor:&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;h2 class="date-header" style="font-size: 13px; margin-top: 1.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font: normal normal normal 78%/normal 'Trebuchet MS', Trebuchet, Arial, Verdana, sans-serif; line-height: 1.4em; text-transform: uppercase; letter-spacing: 0.2em; color: rgb(153, 153, 153); "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;SÁBADO 4 DE ABRIL DE 2009&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post hentry uncustomized-post-template" style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 1.5em; margin-left: 0px; border-bottom-width: 1px; border-bottom-style: dotted; border-bottom-color: rgb(204, 204, 204); padding-bottom: 1.5em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: medium; "&gt;&lt;a name="3371710117679643622"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;h3 class="post-title entry-title" style="font-size: 13px; margin-top: 0.25em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 4px; padding-left: 0px; font-weight: normal; line-height: 1.4em; color: rgb(204, 102, 0); "&gt;&lt;a href="http://bitacoraliberal.blogspot.com/2009/04/king-crimson-una-tarde-del75.html" style="color: rgb(51, 51, 51); text-decoration: none; display: block; font-weight: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;King Crimson una tarde del...75?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;&lt;div class="post-header-line-1" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; "&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Escucho Starless and Bible Black, de King Crimson, de 1974. Especialmente los temas 4 y 5 me resultan literalmente inolvidables. Posiblemente los haya escuchado por primera vez en el 76, o el 75, no recuerdo con precisión. En mí, estos temas y este disco quedan inextricablemente ligados a la adolescencia, a mi casa paterna, a mis amigos de entonces, a mis hermanos, etc. Pero, claramente, la valoración del arte, en este caso del gran rey Crimson, no pasa por ahí en términos objetivos, es decir, estéticos.&lt;br /&gt;Sin embargo, como pienso que la Mismidad, la Propia Vida como Tal es el gran asunto de toda filosofía del sujeto, de toda filosofía última, es decir, del filosofar que no remita a la Alteridad, a los Demás, a la consideración rigurosamente estética se le debe agregar o superponer la valoración, en esta suerte de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;mirador estereoscópico&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt; que es la propia vida revisitada, logrando así un Unicum que sólo puede cumplir el sujeto libre sobre sí mismo: la Mismidad, precisamente, en su pleno actuar. (Ahí llega el tema que da título al disco: un largo crescendo de 9 minutos). De nuevo: no es la consideración técnica la que cuenta, de cómo se arman los temas, las entradas de cada instrumento, etc. Me interesa solamente el acto de imbricar la escucha en mi pasado. Sin dudas, si fuera musiquita pueril esta operación se podría hacer, pero no tendría ...espesor. Creo que es el término más feliz. Bien, digo: en muchos pasajes crimsonianos hay una nostalgia que se presta enormemente bien para esta operación evocativa. Puede que alguno logre la misma evocación profunda con, no sé, un cantante romántico italiano de su juventud. Aquí se abre, implacable, el abismo de las subjetividades: nunca sabré &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;realmente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt; qué vivencia tiene el Otro. Se puede escribir una montaña sobre la Intersubjetividad, sobre la construcción social del sujeto, etc. Pero el conocimiento del Otro en su flujo de vivencias siempre tendrá un fuerte dejo de hipotético, de supuesto. Dado que se hace desde el Mí-mismo. De vuelta a Crimson: a mí me evoca de inmediato una visión del jardín de mi casa, del living, donde sonaba el equipo de música, del sol entrando por las ventanas. Si me esfuerzo, hasta puedo recordar las tazas de café (no, en realidad no puedo: barrunto su materialidad, casi la alcanzo, pero no se termina de realizar la imagen) que nos hacíamos en la cocina. Puedo recordar vagamente la ropa que usábamos (las remeras a rayas horizontales, las zapatillas flecha), el lejanísimo verano del ...75? Y en todo eso suena Crimson, la guitarra de Fripp, catalizador de este fabuloso y frágil ensueño. ¿Cómo entender, y aún más, cómo explicar y fundamentar, que en esta experiencia de rememoración está todo el Ser de una persona, su jugo, su núcleo y esencia?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;-------------------------------&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Acá agrego este otro texto del otro blog: también acá queda mejor. Gorz, o cómo un marxista nos da una teoría del conflicto entre sujeto y sociedad infinitamente superior a los áridos liberales vieneses que "triunfan" en las universidades privadas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=" line-height: normal;  "&gt;&lt;h3 class="post-title entry-title" style="margin-top: 0.25em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 4px; padding-left: 0px; font-weight: normal; line-height: 1.4em; color: rgb(204, 102, 0); "&gt;&lt;a href="http://bitacoraliberal.blogspot.com/2009/03/andre-gorz-breve-teoria-del-control.html" style="color: rgb(204, 102, 0); text-decoration: none; display: block; font-weight: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;André Gorz: breve teoría del control social del individuo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/h3&gt;&lt;div class="post-header-line-1"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Leo en la página de Cultura del Corriere del otro día un artículo firmado por André Gorz. Lo creía muerto hace muchos años. El texto está dedicado a honrar a la compañera de toda su vida, Dorine, con la que en 2007 se suicidará, a los 87 años. Bueno, el asunto es que en el medio Gorz desarrolla una concisa teorización sobre el individuo y su control social que me parece magistral. Acá va una traducción apenas decente (los subrayados son míos):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;...La cuestión del sujeto se ha mantenido central para mí, como para Sartre, bajo el siguiente ángulo: nosotros&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt; nacemos a nosotros mismos como sujetos, vale decir como seres irreductibles a aquello que los otros y la sociedad nos piden y nos permiten ser&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;. La educación, la socialización, la instrucción, la integración, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;nos enseñarán a ser Otros entre los Otros&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;a renegar de esa parte no socializable que es la experiencia de ser sujeto&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;, a canalizar nuestras vidas y nuestros deseos en cursos bien delimitados, a confundirnos con los roles y funciones que la megamáquina social nos impone de cumplir. Ellos definen nuestra identidad de Otro. Ellos exceden aquellos que cada uno de nosotros puede ser para sí mismo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Nos dispensan, o incluso nos impiden de existir para nosotros mismos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;, de ponernos cuestiones sobre el sentido de nuestros actos y de asumirlos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Quien actúa no es "yo", sino la lógica automatizada de las disposiciones sociales,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;que actúa a través de mí en cuanto Otro, me hace concurrir a la producción y reproducción de la máquina social. Ella es el verdadero sujeto"....Acá comienza a insinuarse la formación marxista de Gorz, pero lo que ha dicho es, como dije, magistral. Lo que Gorz define acá en términos suyos viene a cuento de lo que siempre he pensado sobre la libertad del individuo y el conflicto con la sociedad en general, no meramente o solamente el Estado. Punto que los liberales economicistas ni siquiera se plantean, ni barruntan, ni les preocupa un comino, para decirlo todo. El conflicto de fondo es entre la sociedad que normaliza y formatea a los individuos y ese nucleo irreductible "que la sociedad no nos permite ser", como dice Gorz. Insisto con el punto: esa sociedad hostil y homologante (diría Pasolini) bien puede ser, de hecho es, la sociedad de mercado de masas. Pienso en la psicología laboral, el marketing, las técnicas de manipulación de clientes y personal, etc. Pienso en esas desoladoras técnicas ...¿cómo se llaman?, en las que grupos de trabajo se reúnen en un campamento de montaña. Hay, en estos casos, toda una tecnología del control social del invidivuo a través de la empresa privada, que resulta un excelente agente de control social. En las grandes corporaciones este punto es más explícito, claro, pero vale igual para una pequeña consultora.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Vuelvo a Gorz, que sigue: "Ella es el verdadero sujeto (por la megamáquina social). Su dominio se ejerce sobre los miembros de los estratos dominantes al igual que sobre los dominados. Los dominantes no dominan, sino en la medida en que la sirven como leales funcionarios. Es solamente en sus intersticios, disfunciones, márgenes, que surgen sujetos autónomos a través de los cuales la cuestión moral puede plantearse. En su origen, está siempre este&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;acto fundador del sujeto que es la rebelión contra aquello que la sociedad me hace hacer o sufrir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt; Alain Touraine, que ha estudiado a Sartre en su juventud, ha formulado bien este aspecto: "El sujeto es siempre un mal sujeto, rebelde al poder y a la regla, a la sociedad como aparato total". La cuestión del sujeto es, por lo tanto, la misma de la cuestión moral. Ella está en el fundamento de la ética como de la política. Dado que pone necesariamente en causa todas las formas y medios de dominación, vale decir, todo aquello que impide a los hombres comportarse como sujetos y&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;perseguir el libre desarrollo de su individualidad como fin común".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;La nota sigue. Queda claro cuán lejos del marxismo ortodoxo queda Gorz, al pedir el libre desarrollo de la invidualidad &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;como fin común&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;, nada menos. Y conviene aclarar algo: es evidente que, de las sociedades existentes, la de mercado es la que más "intersticios" o márgenes, deja libres para el individuo, y la que menos alienación le pide. Basta comparar a la sociedad de mercado contemporánea con el brutal disciplinamiento social cubano o chino. Pero queda claro que la disociación entre liberalismo y sociedad de masas existe, y cómo. Pese a que tantos think tanks se limiten a denunciar al Estado y sobreentiendan que lo que hacen las empresas es sacrosanto y fuera de toda crítica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: traduje del italiano derecho, como dije, sin ninguna mediación de papel o diccionario. Espero que la traducción sea aceptable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El link de la nota completa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://archiviostorico.corriere.it/2009/marzo/09/mia_Dorine_piu_importante_Marx_co_9_090309030.shtml" style="color: rgb(85, 136, 170); text-decoration: none; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;http://archiviostorico.corriere.it/2009/marzo/09/mia_Dorine_piu_importante_Marx_co_9_090309030.shtml&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;------------------------------&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);  line-height: normal;  "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Elogio del solipsismo (Publicado en La Capital el domingo 16 de marzo de 1997)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;A través de ajetreo de lo cotidiano y de la omnipresencia de los demás, un zumbido irremovible se las arregla para recordarle a cada uno que está solo, que así va a ser hasta que desaparezca y que todo desaparecerá en ese mismo momento. Vivencia que da origen a formas históricas de filosofía, como el solipsismo o el idealismo berlkleyano, y que acompaña a la cotidianidad hasta su final, y lo anticipa. Pero este solipsismo es,antes que doctrina, gnoseológica o metafísica, certeza vivencial. El sentimiento de nuestra finitud, o, más prosaicamente, el miedo ante la muerte, remite al enigma de aquello que es finito, que se extingue, a su relación fundacional con aquello que se le presenta, el ser trascendente y cuasi eterno del mundo, del que proviene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este hundimiento final y completo del campo de la experiencia, siempre presentido, aún en los momentos de mayor plenitud vital, pone al descubierto la estructura íntima de la manera de darse nuestro ser, y con él y a través de él, de todo el ser.&lt;br /&gt;En ella, cada uno atraviesa un diagrama cartesiano espacio-temporal en el que se cruza con los demás en la más pura accidentalidad, creándose una composición fantasmagórica y presunta de esos otros seres en pasaje. El modo en que deviene este ser fluctuante que es nuestro vivir tiene así, irrevocablemente, el carácter de lo arbitrario. Conviene advertir que no se habla aquí del yo transparente y sin secretos del viejo racionalismo, sino de la conciencia como un campo, con bordes desdibujados y siempre cambiantes. Un poco al modo del campo electromagnético, por su fluidez e inasibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata de desentrañar esa experiencia inaugural, antepredicativa y preobjetiva,en la que el devenir parece romper el barniz histórico y cotidiano y deja entrever su eternidad muda. Esencial apuntar que este nivel puro de vivencias es, al mismo tiempo, núcleo solipsista que nos constituye desde siempre y originaria apertura al mundo; simultáneamente "mundo" y "yo solo", solus ipse. "El secreto del mundo, que buscamos, tiene que estar contenido necesariamente en mi contacto con él",dice Merleau-Ponty. Así, se afirma y a la vez se supera radicalmente el solipsismo en un único movimiento, que es toma directa de la vivencia primordial de ser absolutamente y a la vez precariamente, fundación y sostén del mundo y mero accidente de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este punto se presenta una disyuntiva: o a partir de la prerrogativa absoluta de esta vivencia se intenta construir un programa de acción, una práctica social (al modo de Husserl,o, muy diversamente, del segundo Heidegger), o bien se la limita al fuero íntimo, a una pura instancia individual, sin praxis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre las intuiciones inamovibles que llevan consigo algunos cristianos figura ésta: la materia, detenidamente observada, es el infierno, o su atisbo. Para alguien no religioso, este hallazgo del nivel secreto del mundo no es algo tan indeseable como el infierno, sino lo absoluto en su pura presencia. Lejos de los demás, de la vida social y de su cadena de miserias y esclavizaciones, por un instante nuestro ser accidental encuentra su destino y hasta, tal vez, su sentido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); line-height: normal; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); line-height: normal; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Sobre la muerte: julio de 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);  line-height: normal;  "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;La asimetría que implica la muerte: debo aceptar mi extinción sin cobardía ni ruido, con discreción e hidalguía. Lo que quiere decir que admito que no soy más que una célula de un cuerpo social. Biológica y socialmente, esto es tan cierto como que hay un sol. Fenomenológicamente, o sea, desde el punto de vista de la subjetividad absoluta, es una aberración. Que pone de relieve la tiranía social sobre el individuo que no puede asumirse como único e irrepetible. No digo que hay que rebelarse contra la propia muerte, algo que no tiene sentido, pero sí se debe interrogarla radicalmente. Ante todo, el morir destruye la totalidad del Ser, dado que éste vive en mí y por mí. &lt;i&gt;Esta es una afirmación ni gnoseológica, ni ontológica, sino rigurosamente fenomenológica. Porque la constitución del Mundo se da al interior de mi Mismidad, y por tanto mi muerte todo lo destruirá. Nada quedará vivo con su llegada. Mi vida es portadora, no sólo de mi, ser sino de todo el ser, mi vida de toda la vida, de la totalidad del Mundo, que mi muerte aniquilará.&lt;/i&gt; La angustia ante la muerte no se debe a falta de valor o cobardía, como se impone socialmente decir, sino a esta vivencia-certeza de la destrucción de todo lo vivido que tiene el moribundo, o aquél que anticipa la real magnitud de su muerte antes de llegar a sus puertas. El relato social-histórico dice que moriré y el mundo seguirá ahí. La fenomenología de la muerte dice todo lo contrario: e&lt;i&gt;s imposible afirmar nada desde la muerte, mentar algo. Mi aniquilación arrastra al mundo entero, que se ha dado siempre en mi contacto con él. &lt;/i&gt;Así que no me angustio porque mi decadente cuerpo morirá, porque mi oscura vida menor, sufrida y anónima terminará (¡por fin!). No. Lo que abruma es saber con total certidumbre que &lt;i&gt;se derrumbará la totalidad de la Vida y el Mundo. Nada quedará a salvo, porque nada es exterioridad pura y en sí, sino, al contrario, ser trascendente que sólo existe a partir de mi ser constituidor. El inicio de la vida es prueba inapelable al respecto: nada había de Mundo y de la Vida antes que yo los conociera-constituyera. Ellos vinieron a mí, es cierto, pero sin mi conciencia que los encuentra y les otorga ser nada habría allí. Y con la muerte esos seres que son la Vida y el Mundo se extinguirán sin más y para siempre. &lt;/i&gt;Es este nihilismo absoluto de la muerte el que abruma al que la enfrenta, no otra cosa. Esta experiencia abrumadora debe entonces a toda costa ser socializada, es decir, estandarizada, ritualizada, trivializada, anulada. Aparecen dos alternativas: la negación organizada de la real esencia de la muerte (las religiones y sus promesas de otra vida, o sea la negación de la muerte como tal mediante una enunciación fantasiosa) y la internalización en el individuo de su mero ser célula social, como hace el comunismo ateo. Me muero, valor, es la “ley de la vida”, así debe ser después de todo, me sobrevivirán mis hijos, mi recuerdo en los demás, etc. Pero&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); line-height: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt; existe, más allá de estas estrategias sociales, una extraña y perturbadora superficie de contacto entre la experiencia del aproximarse de la muerte y mi cotidianidad y normalidad social. Puedo tomar nota del hecho de mi muerte como una más de las millones que ha habido y habrá. Tomo nota de mi cercanía objetiva a la muerte y planeo mi testamento, etc. Pero esta normalidad adquiere ante la muerte una luz extraña que delata lo otro, la radical y total aniquilación. Es socialmente imperativo que que el moribundo no afronte nunca esa verdad, que no salga de su cápsula de socialidad. El individuo deber ser normalizado hasta el final, hasta su extinción. Es la figura del agonizante que se despide en su lecho, repartiendo consejos, hablando como si nada pasara. El caso de Alfonsín quien, ya en sus últimas horas y sabiéndolo muy bien, comenta un partido de fútbol, charla con Ricardito de política. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;Nótese cómo esta normalización de la muerte funciona también en un agnóstico como era Alfonsín.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); line-height: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 14px; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:large;"&gt;Diapositivas del año 80: julio/agosto de 2010&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div class="post hentry uncustomized-post-template" style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 1.5em; margin-left: 0px; border-bottom-width: 1px; border-bottom-style: dotted; border-bottom-color: rgb(204, 204, 204); padding-bottom: 1.5em; "&gt;&lt;div class="post-body entry-content" style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.75em; margin-left: 0px; line-height: 1.6em; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); line-height: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="  ;font-family:Georgia, serif;font-size:16px;"&gt;Le he prometido a un viejo amigo de mi padre, que acaba de cumplir 90 años, buscar unas fotos de un viaje que hicimos a las montañas de La Rioja hace ya 30 años exactos. En mayo de 1980. En la tarea, me encuentro con las diapositivas que en esos años me empeñaba en hacer: de las calles de la ciudad, de Adriana joven, de su departamento, etc. No hay acá solamente nostalgia, hay un desborde del pasado, una inundación que me abruma. Esto es: siempre que recuerdo esa época, evoco vivencias a través de un lente vivencial del presente. Las fotos, en cambio, que me ponen a ver cómo "realmente" se veía aquél mundo, desbordan ese recuerdo meramente "interior". Es "como si estuviera de vuelta ahí". Impresión a la que sin dudas contribuye el Ektakrome del slide, el mismo material que se se usa aún hoy en el cine profesional. Pero esto que escribo ni araña el nudo de la vivencia que acabo de tener. No, no sirve de nada. Solamente puedo apuntar dos cosas: la vida es mucho más que una suma de palabras, es mucho más que biología, y es mucho más que esa estructura astuta y oculta que nos dice el psicoanálisis que somos, o que nos hace ser. Lo que acabo de vivenciar escapa a esos pobres esquemas o redes de captura y normalización de la vivencia, del vivir. En esos momentos, mientras miraba con dificultad las diapositivas por no tener proyector, reviví (?) desde afuera la vivencia-presencia de aquella lejana época. Vivo normalmente en su evocación, en su añoranza. Pero esto fue diferente, aquel vivir lejano estuvo por acá, se me vino encima. La materialidad contundente de las imágenes de la ciudad y de nosotros, combinada con el abismo de tiempo, más otras cosas como: mi ingenuidad y pequeñez de entonces, la precariedad de mi modo de ser, tan a años luz de otros de mi misma edad y en mi misma situación socio-cultural (hijo de un profesional docente universitario, etc). Era yo de una ingenuidad extrema, y muy precario en mi diálogo con los demás. Pero no cambio las destrezas ganadas en estos 30 años (!) por aquel estar-en-el-mundo de mis 20 años. A la vez, el ver las imágenes dio a esa posibilidad puramente fantasiosa de volver al pasado un tono sombrío, de pesadilla abrumadora. Bueno, dejo acá porque estoy dando vueltas y peleando con el lenguaje para tratar de poner en lenguaje lo que claramente no es del orden del lenguaje. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;El cine como arqueología de otras vidas&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Julio 2011&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Veo una película de Antonioni del 62, El Eclipse. Extraordinaria fotografía en B/n, grandes actuaciones.  Sobre todo, esos planos silenciosos y morosos de Antonioni. Que, salvo algunos aislados, para mí siguen siendo plenamente logrados. Hay un encuadre de copas de árboles barridas por el viento; una esquina de un suburbio moderno de Roma (el EUR, creo), etc. Pero al fondo del sentimiento hay una extraña certeza: ese mundo, por un lado ya no existe, ese mundo material-vivencial desapareció: el modo de vestir, los autos, las casas, muebles, etc, fue barrido hace años. Hasta el modo de hablar ya no es el mismo, ha cambiado abismalmente. Pienso: ese era el mundo y el cine de la juventud de mis viejos. Los imagino en Rosario o Buenos Aires en 1962, moviéndose en un mundo similar sino idéntico al de la película. Siento como un vértigo de estar ahí presente viviendo esa película como un contemporáneo y siendo un contemporáneo, y a la vez es tan distante ese mundo perdido como el siglo XVI...hay una suerte de éxtasis arqueológico. El vértigo de ver a ese pasado remoto, ese mundo desaparecido, &lt;i&gt;en el que sin embargo yo ya vivía&lt;/i&gt;, era un chico de pocos años. Es la vivencia de lo remoto-sin-embargo moderno, &lt;i&gt;de mi tiempo inicial en la vida.&lt;/i&gt; Hay ahí unos adultos que ya se han extinguido, desaparecido. Y está además el sentimiento de la pura accidentalidad: &lt;i&gt;ese presente pudo ser el mío. Ese mundo perdido de autos y vestidos y trajes y encendendores y cigarrillos, etc, pudo ser el escenario de mi juventud. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); line-height: 18px; background-color: rgb(255, 255, 255); "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Nostalgia de lo imposible: las otras vidas que atisbo en la mía&lt;/b&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); line-height: 18px; background-color: rgb(255, 255, 255); "&gt;&lt;b&gt;Agosto de 2011&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); line-height: 18px; background-color: rgb(255, 255, 255); "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Miro extasiado con el Google Earth las calles de Washington. Recorro la Pennsylvania Avenue, y descubro la alta calidad de las fachadas historicistas o neoclásicas de los edificios de "brownstone" o similares. El Google Earth, con su fijeza y fidelidad fotográfica, me causa siempre una angustia de fondo. Sea que "viaje" a Washington o a mi entrañable Cremona. De pronto descubro el motivo , o parte de él. Son las vidas que pude tener, que se pudieron "dar" en la encrucijada de mi vida al final de la adolescencia,o incuso después, al regresar del servicio militar, y que no se "dieron". En esas calles que me muestra el Google Earth como totalmente extrañas. Pudo ser dos años en EEUU, o la vida que no tuve de joven en Roma o Bologna, cuando debí partir de acá, detrás del rastro de los exiliados argentinos y chilenos, allá por el 77. Después está la vida española, cuya "nostalgia en el vacío" me traen las películas de Saura y Erice de esos años. Nostalgia de un vivir que nunca será pero que pudo ser. De unas vivencias que sé que pudieron darse y no se darán nunca. Una pensión en Madrid, tal vez estudios de filosofía allí, etc. O en Bologna, o Roma. Pudo ocurrir, pero nunca pasó, y ya nunca pasará. Hay así en torno al camino real de la vida que hice efectivamente una suerte de paralelos y meridianos virtuales de esas vidas que pudieron ser y no fueron. Pude ser artesano de cerámica en Italia, de haberme decidido. Incluso, tal vez, pintor. Máterico abstracto, seguro. Pero no será. Pudo suceder lo mismo en España, pero tampoco. Luego están las variantes menos "mediterráneas", en las que ingresa ese idioma hostil y ajeno, el inglés. Pude haber estudiado el idioma y largarme a San Diego, o Nueva York o a la citada Washington. Con el Google Earth puedo visitar pequeñas ciudades de EEUU. Hoy estuve en Wilmington, en la costa de North Carolina. De casualidad. Pudo haber una vida mía incluso en Wilmington, forzando un poco las cosas. De joven, cuando me embarcaba en una carrera universitaria, o en sus prolegómenos, enseguida me atenazaba (literalmente) una angustia precisa: mi vida sería esa y no otra, estaría determinada por lo que estudiara y así dejaría afuera las otras alternativas. Sentía la vida como un gran "crocevía", una rosa de caminos diversos y que se alejaban irrevocablemente unos de otros. Suena pretencioso y literario, pero juro que me pasaba esto hasta los 24 años o más incluso, cuando hice mi última elección de carrera (biología), en la que duré poco, como en las otras. En esos abandonos, tuvo poco que ver la dificultad de la carrera, que siempre superé con facilidad, y mucho esa angustia de la encrucijada irrevocable, de la elección para toda la vida. Por eso me consumí en elecciones propias de un muchacho de 18/9 años hasta los 25 o 26 años. Siempre dudando si ser artesano, piloto, biólogo, o abogado. La lista es cierta, no me la inventé ahora a modo ilustrativo. Ah, también estuve un semestre sondeando la posibilidad de ser piloto de marina mercante. En cambio, mis estudios de filosofía, única actividad para la que mostraba algún talento en la adolescencia tardía, nunca los emprendí hasta que ya estaba fuera de "carrera" y lo hice a modo puramente complementario, sin ninguna ambición profesional o seriamente formativa. Supongo que debería haber hecho una doble opción temprana por la filosofía y la pintura, las únicas actividades "radicales" en las que me sentía y aún hoy me siento a gusto. Pero a la mencionada angustia de la elección irrevocable se sumaba acá la no-opción profesional en Rosario, es decir, la falta de un campo profesional en estas disciplinas. Daba por cierto que terminaría trabajando en Tribunales y como adjunto en una cátedra, y por cierto que no me faltaban razones para temer eso. Ni hablar de la pintura. En los dos casos, la ambición formativa y de futuro profesional me hubieran enviado a la Europa latina. Con más chances por el lado del arte/artesanía que del de la filosofía: jamás estudié alemán, y sin alemán, no hay filosofía profesional alguna. Menos aún en el terreno de la fenomenología. No, me hubiera quedado en Rosario, sería un adjunto que a la mañana trabaja en Tribunales. Sabría leer francés e italiano, un poquito de griego, y con eso me las arreglaría para mis breves incursiones fenomenológicas, que tal vez tendrían alguna cabida en un pequeño instituto de fenomenología, como el de Santa Fe. No más que eso. Pero me hubiera bastado, creo. Lo mismo con la pintura, en un nivel menos esencial para mi definición como ser adulto. Bien, creo que la idea está dicha y escrita.Nuestra mortalidad, nuestra finitud, nos congela y nos advierte: tenés una sola oportunidad, como mucho dos, pero el camino elegido es irrevocable. Yo nunca tuve el valor para elegir, la irrevocabilidad me atenazó y me echó atrás una y otra vez. Hoy llego a los 52 años mirando los filmes de Saura una y otra vez, añorando mis 17/19 años, mis lecturas por esos años de Merleau Ponty, que hubieran augurado una buena formación fenomenológica, al menos a nivel argentino. Hoy sólo me quedan estos apuntes confusos, sin método ni rigor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;b&gt;Más sobre cine y la vida no vivida. La ajenidad de la vida que efectivamente llevo&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: normal; "&gt;&lt;b&gt;Octubre de 2011.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: normal; "&gt;Ante la afirmación colectiva que se avecina en las urnas este domingo 23, afirmación de todo lo que considero inaceptable y aborrecible, y ante la perspectiva de tener que vivir en una sociedad que se sentirá ratificada en esos disvalores, y en un trabajo _periodista_ expuesto como ninguno a ese clima hostil y alienante...bien, he comenzado a refugiarme lo mejor posible en lo propio-mío. Miré casi obsesivamente, de nuevo por segunda vez, El eclipse, de Antonioni, película que me deja un vértigo potente, sensación que es imposible llevar a las palabras pero que cuando se vivencia es muy claro su porqué, la &lt;i&gt;razón&lt;/i&gt; de ese vértigo. Ese mundo desaparecido del barrio romano, la juventud de Vitti, lo que de "mundo real" desaparecido captura una película de esa época...algo parecido hice después con dos de los "Six contes moraux" de Rohmer. &lt;div&gt;Me asalta la nostalgia de la vida no vivida: hubiera estudiado filosofía mientras trabajaba en tribunales, hubiera estudiado pintura...hoy no sabría nada de mi vida actual, la que, de conocer de cerca, me causaría horror y total ajenidad. Tendría una novia, hablaríamos de fenomenología y ella creería en Dios, porque sería de la familia fenomenológica, pero de la rama creyente. Hoy sólo puedo sospechar o barruntar  ese mundo perdido, sé que existe. Un e-mail lanzado como una botella al mar tuvo contestación. Un profesor de los organizadores de unas jornadas de fenomenología en Santa Fe me constestó con mucha cortesía y me puso en contacto con la editorial que publicó un par de libros de su grupo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fenomenólogos en la ciudad de Santa Fe y en la de Paraná: ¿puede imaginarse algo más improbable? Los imagino reuniéndose en verano, discutiendo libros y ponencias...pero nada más puedo que imaginarlos, nunca los conoceré, nunca seré de ese círculo. Soy un pobre aficionado que sólo puede leer como lengua extranjera el italiano, que no tiene ni una mísera licenciatura de la UNR. Nunca seré uno de ese círculo. Los imagino, como dije. Quiero creer que las mujeres del grupo son como yo siempre quise que fueran las mujeres, como las de ese filme de Rohmer del 62, o como Monica Vitti en El eclipse.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; Estoy perdido, totalmente aislado. En contacto con personas que, treinta años atrás, me hubieran resultado completas extrañas, con las que, hubiera pensado sin dudar, que no tendría nunca nada que ver en mi vida. ¿Qué es esto de hacer periodismo, y de política internacional en el diario La Capital? ¿Qué más lejano y ajeno a mí que el diario La Capital se me podía ocurrir cuando tenía 17/19 años? ¿Qué cuento delirante es este de que trabajo ahí? Si me lo hubieran anticipado en 1979, me hubiera reido con ganas, desechando sin dudar ese pronóstico bizarro, imposible, sobre mi futuro. No, imposible.  Yo podía terminar de artesano pobre en Italia, de profesor de filosofía part-time que a la mañana trabaja en tribunales; por eso esta extrañeza de mi presente, la extrañeza incluso de la gente que me rodea y hasta me quiere cuando lo miro y vivencio desde aquella perspectiva de 30 años atrás...todo se ha vuelto evidente de pronto, y es abrumador. Y no puede durar mucho, ya no. &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;b style="font-size: 15px; line-height: normal; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large; "&gt;Manuel Pailós, pintor uruguayo: la imaginación de una vida&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px;"&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Noviembre de 2011&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;div&gt;Ver, aunque sea por Internet, la pintura del uruguayo Manuel Pailós (&lt;a href="http://unmardepintura.blogspot.com/2010/11/manuel-pailos.html"&gt;http://unmardepintura.blogspot.com/2010/11/manuel-pailos.html&lt;/a&gt;) me produce un estado de tenue felicidad. Su historia, su vida vivida casi por completo en Uruguay (aunque nació en Galicia), su larga vida (1918-2004), que uno imagina vivida con serenidad y placer; en fin, su obra, su obra mejor, esa menos duramente a lo Torres García y más propia, la que tiene algo o mucho de Xul Solar, claro, pero también de... Osky (sí!), según creo yo, con esos barquitos y bichos marinos dibujados con tinta china y colores como acuarelados; todo esto junto me produce, decía, una ligera felicidad. Por la vida y el quehacer de esta persona que jamás conocí pero que busco imaginar viviendo, pintando, dibujando, en su taller montevideano. No sé cómo habrá sido su carácter, su tono de voz, sus gestos, todo eso que desaparece cuando la persona muere y que quienes la conocieron tanto extrañan y evocan. Pero desde acá, desde Rosario, puedo imaginar, en un salto por el cielo imaginario, como un vuelo en avioneta, esa larga vida de Pailós en Montevideo. El taller! qué gloria, tener un taller! qué lástima no encontrar las energías para ser al menos un pintor aficionado y tener un "tallercito"! Imagino el taller de Pailós en una calle vieja, en una casa chorizo, el patio con baldosas, etc. ¿Trabajaría poniendo música en un tocadiscos? ¿Escucharía tangos? En Uruguay sé que es una figura de mucho renombre: leí que a la muerte de Torres García tomó junto a otros la dirección de su taller, lo que da una idea del reconocimiento que ya tenía en ese momento (1949). Produjo mucha obra, toda su vida. Expuso mucho y viajó poco, a diferencia de otros discípulos de T.G. O sea que vio pasar la vida desde Montevideo, se enteró de los sucesos del mundo y del arte desde su casa-taller, a través de la radio, el diario, algún libro con reproducciones en blanco y negro. Le bastaba. Sé que tengo una afinidad con esta persona que ya no existe y que pintó esos cuadros: me basta verlos; sé que, de habernos cruzado en la vida, nos hubiéramos entendido (supongo, aunque es algo arriesgado). Pailós supo hacer varias cosas bien: ser constructivo pero no epigonal, darle a su sólida formación de escuela un giro propio, cosa que muchos torresgarcianos jamás pudieron lograr; hacer por eso una pintura muy propia que hoy tiene sus seguidores y fieles coleccionistas; y, en un plano más profundo, asentarse en la vida bien, con serenidad y tranquilidad. Hay una foto de él ya grande con un perro. Hay otra del taller de T.G., con mucha gente. A su muerte, en su obituario, el diario El País lo caracterizó como "un hombre de obstinado perfil bajo, retraído y modesto, cordial y muy discreto". Me lo imaginaba así por puro gusto, y así parece que fue. Nada afín a firmar manifiestos ni dar lecciones de teoría del arte como su maestro. Desde este lado del río Paraná, atravesando por el cielo Entre Ríos, el río Uruguay, el Plata, me imagino a Pailós pintando en Montevideo. La idea, o mejor dicho, la vivencia imaginativa, me gusta, me llena de gozo y tranquilidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;--------------------------------------------------------&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi vida, en cambio, no tiene nada de esa unidad feliz, todo lo contrario. Es contraída, mal vivida, de joven, siempre en duda sobre qué hacer con ella o en ella, ahora, cargada de angustia. Periodista por puro caso, ahora columnista _ciertamente modesto_ de asuntos latinoamericanos por empuje de un amigo porteño, las únicas dos actividades auténticas que me quedan tienen que ver con esa "buena vida" que no viví, a diferencia de Pailós. Son: la lectura de fenomenología (más que de literatura en prosa, aunque menos que la de cierta poesía) y el acto de mirar pintura, y, muy de vez en cuando, de "pintar algo". Así que lo más bueno y auténtico en mi vida es marginal, residual, dado que mi actividad laboral me aleja hacia otros territorios donde la vida está estandarizada, cubierta de vulgaridad: la lectura de los diarios, la batalla ideológica con la izquierda latinoamericana y el kirchnerismo, el debate económico y político, etc. Todo esto, que en una vida bien vivida hubiese sido apenas marginal, hoy es lo predominante, lo que me ocupa desde que me levanto. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;span &gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;span &gt;&lt;b&gt;El mundo adulto: petrificado y ajeno (1996/7)&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;Este texto, creo, lo escribí hace más de 10 años. Creo que no había cumplido40 años y tenía fresco en mi memoria un corto veraneo en la costa atlántica (enero del 96), en la zona donde había pasado los veranos de mi infancia, al sur de Villa Gesell. Le dejo la tipografía original, de la vieja computadora de entonces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; font-family: arial; font-size: small; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;a)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="border-top-style: solid; border-right-style: solid; border-bottom-style: solid; border-left-style: solid; border-top-color: windowtext; border-right-color: windowtext; border-bottom-color: windowtext; border-left-color: windowtext; border-top-width: 1pt; border-right-width: 1pt; border-bottom-width: 1pt; border-left-width: 1pt; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; margin-left: 11.3pt; margin-right: 0cm; font-size: small; font-family: arial; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; text-indent: 14.15pt; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;wbr&gt; el támdem óntico "depresion-etapas de la vida" debe ser superado por una búsqueda, o, mejor una puesta en vocabulario fenomenológico, de este "notificarse de la dureza del mundo" propio de la vida adulta: es decir, del tomar nota en el propio vivir de la irrevocabilidad de este estadio, de su ser-el-último. El tono que adoptan la vida y el mundo en este estadio, más allá de sus datos óntico-biográficos, debe lograr un status ontológico, o sea, algo que no sea del mero orden del mundo social y de sus sobredeterminaciones. En mi angustiarme ante la nunca antes conocida dureza del mundo no hay, entonces, solo biografia o psicologia. Cuando este existente o viviente que soy encuentra su nuevo régimen en el mundo de los hombres, la totalidad de la experiencia cambia de tono, en el sentido musical: hay una nueva dominante. Esta es la de la definitiva notificación de la propia muerte, por un lado, y la del un cierto helarse desde dentro el mundo y la experiencia. Esto tiene caracter ontologico, porque no es mero episodio psicológico del sujeto, accidente biográfico. Debe hacerse notar que tampoco estamos ante una deducción, este carácter nuevo y definitivo del mundo se da por sí mismo, en su brutal presentarse mudo y helado, en el experimentarlo directamente. Hay una comprensión “preontológica”, inmediata de su importancia, de su gravedad. Se dirá: psicología, etapa del desencantamiento, de la definitiva pérdida y adiós a las ilusiones adolescentes y juveniles. La respuesta, como puede presumirse, es doble: es eso, claro, porque la ontología de lo humano no puede darse fuera de mi vida, pero justamente, es por ser ontología, presentación, o apertura, a ese nivel no accidental de ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 11.3pt; font-family: arial; font-size: small; text-indent: 14.15pt; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="font-family: arial; font-size: small; border-top-style: solid; border-right-style: solid; border-bottom-style: solid; border-left-style: solid; border-top-color: windowtext; border-right-color: windowtext; border-bottom-color: windowtext; border-left-color: windowtext; border-top-width: 1pt; border-right-width: 1pt; border-bottom-width: 1pt; border-left-width: 1pt; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; margin-left: 11.3pt; margin-right: 0cm; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;wbr&gt; b)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; font-size: small; border-top-style: solid; border-right-style: solid; border-bottom-style: solid; border-left-style: solid; border-top-color: windowtext; border-right-color: windowtext; border-bottom-color: windowtext; border-left-color: windowtext; border-top-width: 1pt; border-right-width: 1pt; border-bottom-width: 1pt; border-left-width: 1pt; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; margin-left: 11.3pt; margin-right: 9.45pt; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;wbr&gt; acá habria que dar, previamente o no, una fenomenologia de la aparición del mundo, de su epifania solar en la última infancia y primera adolescencia. El contraste entre la vivencia adolescente de un paisaje y su reencuentro en la más cruda etapa de la adultez plena (vg: el mar conocido en las vacaciones familiares). Luego, habría que recorrer con pluma &lt;i&gt;merleaupontyana&lt;/i&gt; las etapas del desencantamiento, no como cambios "internos", psicologicos, sino como verdaderas &lt;i&gt;mudas &lt;/i&gt;en el propio anunciarse el ser del mundo a mi. De la epifanía gozosa del inicio de la vida a la rutina en un escenario petrificado, helado, resignacion final de quien ya no quiere recordar, sino sólo que este presente vacío termine pronto. En todo caso, el pasado remoto, nimbado de una suerte de Anunciación, no divina sino mundana, es, aproximadamente, esto (&lt;i&gt;aquello&lt;/i&gt;, en la ya casi infinita lejanía de la adolescencia): en un pinar, entre dunas, mi ser descubre su ansiada y plena coincidencia, su plasmarse con aquello que se le aparece, el mundo. Treinta años después, el pasear por esos mismos sitios conlleva una despedida, un mirar tan diferente que aterra confrontarlo con aquél otro, perdido en el horizonte. Nada es igual: ni la Naturaleza. Todo, hasta ella, ha cambiado su modo de ser, virando hacia “algo” que sólo puede indicarse o barruntarse con el lenguaje, gran perdedor en esta experiencia que es anterior a él en todo su constituirse. El largo proceso de desencantamiento &lt;i&gt;nos pone frente a un mundo que&lt;/i&gt; &lt;i&gt;ya no es conmigo&lt;/i&gt;: es sólo y puro acontecer por sí, como el de la geología. Sospecho que el folklore popular sobre la infancia busca, a manotazos, reclamar aquél vínculo originario.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; font-size: small; border-top-style: solid; border-right-style: solid; border-bottom-style: solid; border-left-style: solid; border-top-color: windowtext; border-right-color: windowtext; border-bottom-color: windowtext; border-left-color: windowtext; border-top-width: 1pt; border-right-width: 1pt; border-bottom-width: 1pt; border-left-width: 1pt; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 1pt; padding-left: 0cm; margin-left: 11.3pt; margin-right: 9.45pt; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; font-size: small; border-right-style: solid; border-bottom-style: solid; border-left-style: solid; border-right-color: windowtext; border-bottom-color: windowtext; border-left-color: windowtext; border-right-width: 1pt; border-bottom-width: 1pt; border-left-width: 1pt; border-top-style: none; border-top-width: initial; border-top-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; margin-left: 11.3pt; margin-right: 9.45pt; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; font-size: small; border-top-style: solid; border-right-style: solid; border-bottom-style: solid; border-left-style: solid; border-top-color: windowtext; border-right-color: windowtext; border-bottom-color: windowtext; border-left-color: windowtext; border-top-width: 1pt; border-right-width: 1pt; border-bottom-width: 1pt; border-left-width: 1pt; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; margin-left: 11.3pt; margin-right: 9.45pt; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;c)&lt;wbr&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;Epifanía: mi ser, por decirlo de alguna forma, arremete el ser del mundo, descubriendo sus interminables modalidades. Una excursión en la alacena, o en la ribera de un río, me &lt;i&gt;anuncian&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; border-top-style: none; border-right-style: none; border-bottom-style: none; border-left-style: none; border-width: initial; border-color: initial; padding-top: 0cm; padding-right: 0cm; padding-bottom: 0cm; padding-left: 0cm; "&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 10pt; font-family: Arial; "&gt;otro modo más del ser mundano, pero jamás al modo de conocer un nuevo lugar en la adultez. Hay aquí una secreta alegría, mejor, un secreto gozo: en el silencio coinciden mi ser, que tiene a sus espaldas la Nada anterior de la que sin saber cómo emergió, y ese mundo que se me presenta de esta forma determinada (río, playa) por vez primera. En este estadio vital todas las referencias al pasado son anteriores a que yo pudiera tener experiencia de ellas (por ejemplo: en mi caso, los años 50 o los primerísmos 60). Construyo el mundo &lt;i&gt;ex novo&lt;/i&gt; . Otra vez: no como haría algún adulto que “comienza a vivir nuevamente” después de alguna experiencia límite, etc, sino que en ese experimentar cada día un nuevo carácter del mundo lo “hago” , lo veo y le doy un tono dentro de mi corta estancia en la vida. Cuando voy por un sendero por primera vez, entre montañas altas, hallo otro carácter del mundo, jamás experimentado. Y esta novedad no es del orden puramente biográfico-psicológico, como habitualmente se entiende: conmigo, y sólo conmigo, se constituye el mundo. La epifanía de la mundanidad no es del orden del anecdotario biográfico, sino el momento primero y más feliz de un modo constitucional, ontológico, del hombre, del humano. Porque &lt;i&gt;fuera del mundo que construyo, nunca ha habido otro&lt;/i&gt;. A su vez, no construyo el mundo autísticamente, sé que es un ser eterno que me precedió y al que llegué. Hay una trama de referencias al mundo antes de mí. El que me cuentan mis padres, el fantásticamente antiguo de mis abuelos, etc. Sé que estaba allí, que me recibió cuando aparecí. Pero por fuera de mi descubrirlo a cada momento, y antes de esta actividad novísima mía, &lt;i&gt;no hay nada&lt;/i&gt;. Esta paradoja no tiene resolución, no es transcribible en términos analíticos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: normal; text-align: -webkit-auto; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6814387036249089336-3166832635716021366?l=apuntesolipsistas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6814387036249089336/posts/default/3166832635716021366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6814387036249089336/posts/default/3166832635716021366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://apuntesolipsistas.blogspot.com/2009/11/solipsismo-y-mismidad-un-boceto.html' title='Solipsismo y Mismidad: un boceto'/><author><name>Pablo Díaz de Brito</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
